La película iba a girar en torno a la figura de Manuel J. Tomillar. Dijeron que lo de utilizarlo a él mismo como actor protagonista tenía que ver con el realismo de la acción, y tiraron del neorrealismo para dar coba a su discursito ante la productora. Pero lo cierto es que tuvo que ser una cuestión de cuadrar números, porque Tomillar iba a empuñar una navaja de Albacete en lugar de una Beretta superpuesta de dos cañones, la escopeta de caza de su padre.
Tomillar, el perturbado que juraba ver a Dios al abrigo de las marquesinas de las gasolineras siempre levitando junto a los expositores de pino ambientador, o al lado de una vitrina donde exhibieran casettes de Camela, era famoso por haber quitado de nómina, años atrás, a varios realizadores.

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