Archivo de Enero, 2006

Sueño Con Poder Soñar

Jordi Serra - Sant Feliu de Guíxols (Girona)


Sueño con poder dormir tres mil sueños,
con un levantar fresco…¡y energía!,
recordando toda la fantasía
de la noche de mis gratos risueños…

Sueño con poder decir a mis “quillos”
que desperté con un sueño a cumplir,
que no es más que el de empezar a vivir
tranquilo con el mar y sus barquillos.

Sueño con soñar la serenidad
de los que sueñan con largos océanos
que deben plácidamente surcar.

Pero sueño con los peces también
a orillas, al son de las suaves olas
y su dulce adormilado vaivén.

La Mentira es lo que Somos

Salomón Valderrama - Perú

Acabados como siempre
Escribiéndolo todo
Todo
Lo que no existe
En mi mente
En tu mente
En nuestra mente
Yo miento y Tú mientes
Y nos mentimos
Siempre
Para ser
Para ser felices
Y cuando ya no estás
Y cuando ya no estoy
Y no estamos
Los dos
Esa es la verdad
Cuando ya no estamos
Cuando estemos muertos
La verdad seremos
Y nos diremos todo
Todo en la ausencia
Tu ausencia
Mi ausencia
Nuestra ausencia
Eterna
La verdad es lo que somos
Cuando estamos muertos
Y la vida que vivimos
Lo que somos en la vida
La mentira es lo que somos

Abundancia y Carencia

Isabel Varela de la Escalera – Vigo

Abunda la hipocresía,
la falsedad, los malos tratos,
el Pan nuestro e cada día,
el querer destacar a cada rato.

Abunda el pisar al más débil,
si con ello se saca beneficio.
abunda el acusar a un inocente
cuando realmente carece
de dinero para ganar un juicio.

Abunda el abuso de poder,
las muertes no justificadas.
No abunda, en cambio, el ansia de conocer
los problemas de cada casa.

Carecemos de sensibilidad,
por que cada uno vamos a lo nuestro.
no nos preocupamos por el bienestar
de nuestros vecinos, enemigos o compañeros
si pensáramos más en los demás,
seriamos mucho más felices.
No queremos ver la realidad,
es mas fácil poner una venda a las cicatrices.

¿por qué tantos pueblos se matan?,
¿por qué no llegan a un acuerdo?,
que no sea a base de muertes encarnizadas,
a base de tiros, disparos, torpedos …

Dios nos ha creado unidos
pero nos gusta llevar la contraria.
Será para romper el hilo,
porque nos gustan las batallas,
las luchas a muerte barata,
matar a quien te ponga a tiro,
por simple distracción, porque me viene en gana
¿Por qué los gobiernos no piensan
en quienes pasan tanta hambre?
¿Por qué no envían ayuda a raudales,
a esa gente tan pobre que se lamenta?,
que no tiene un pan, que se queja
de que no tienen nada, quienes lo expresan
en la tele, con su mirada, con angustia sempiterna.

¡Quizás no sea rentable
vivir de un mundo tan penoso!
¿Por qué los mandamases
no tienen la decencia de darles un poco?

Los Pollitos Y Los Reyes Magos

Prudente Arjona - Rota (Cádiz)

El reloj de la plaza estaba dando las seis de la mañana, hacía mucho frío aquel seis de enero, festividad de la Epifanía del Señor, mientras que una treintena de jornaleros esperábamos impaciente a los capataces y manijeros de los cortijos, que como Reyes de Oriente, nos obsequiaran con el jornal de aquel día.

Pronto, en el silencio comenzó a escucharse un repetido: Tú, tú, tú… y pequeños intervalos y pausas entre un tú y otro, que significaban, que algunos de los jornaleros se quedaban en blanco, no siendo elegido para trabajar aquella jornada..

Ese día me acompañó la suerte y fui seleccionado; Tenía el pan asegurado, pues, para juguetes no me llegaría, pero al menos Ana mi mujer y mi hija María, comerían una sopa caliente por la noche. Luego, como regalo le contaría un cuento, hasta que María se quedara dormida.

Colgué mi azada sobre el hombro y tomé la capacha de empléita, que contenía media boba, un trozo de tocino, una navaja, la petaca con medio cuarterón de picadura, un librito de papel de fumar y un encendedor de mecha, y unido con los otros siete compañeros elegidos, nos encaminamos hacia el cortijo “Vaina”, el cual distaba del pueblo, entre doce y catorce kilómetros, que tendríamos que hacer a pie, y de la misma manera el regreso, una vez finalizado el trabajo.

Charlando alegremente por la suerte de ser contratados, caminamos por los caminos y veredas hasta llegar al tajo, cuyo manigero nos “espoleó” al máximo hasta finalizar el trabajo, con un solo intervalo de media hora para comernos las modestas viandas que llevábamos consigo y alguna que otra pausa para liar y fumarnos un pitillo.

Estaba anocheciendo cuando emprendí el regreso. A medio camino, escuche cierto alboroto en unas chumberas, me acerqué y vi a una gallina atrapada en un lazo para cazar conejos, la cual se encontraba prácticamente estrangulada, mientras a su alrededor, media docena de amarillentos pollitos piaban hambrientos y asustados.

Solté a la moribunda gallina de la trampa, pero ésta ya no respondía, por lo que opté por acabar con su sufrimiento a filo de navaja, y tomando los pollitos en mi capacha -que comenzaron de inmediato a comerse las migajas de pan sobrante- reemprendí el regreso, aprovechando el tiempo en desplumar la gallina mientras caminaba.

Como podéis imaginar, Ana se llevó un extraordinaria sorpresa, pues aquella noche de Reyes podría comer carne. Así que mientras me aseaba en un perol de zinc con agua de la aljibe del patio, mi mujer tomó las vísceras y cortó tres filetes de la pechuga del ave (Toda la gallina era mucho para una sola vez) que junto a varias patatas que le quedaban del guiso anterior, preparó una suculenta cena para los tres.

Cuando acabamos, Ana, mi hija se abrazó a mí, pidiéndome que le contara un bello cuento de Reyes Magos. Entonces creí el momento de entregarle mi custodiado regalo, por lo que le pedí que trajera mi capacha, la cual colgué en el patio para que no se percatara de la sorpresa que le aguardaba.

Cuando María abrió el capacho, dio un tremendo grito de alegría, pues no podía creerse semejante regalo. Con los ojos encendidos se agarró a mi cuello y me cubrió de besos, indicándole que al encontrarme con Sus Majestades, y que éstos me habían rogado que le entregara los pollitos como regalo, a sabiendas de que los cuidaría y los mimaría.

Aquella noche María se olvidó de la narración del cuento, prefiriendo jugar con los pollitos, que había introducido en una caja de cartón.

Tanto Maria, como su madre y yo, recordamos aquel providencial milagro, como la mas extraordinaria e inolvidable historia de los Reyes de Oriente, que como Magos que son, nos brindaron la mas mágica noche jamás vivida.




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