José A. Romero - Pontevedra
Archivo de Febrero, 2006
Oscar Bibrián - Zaragoza
(Premiado en la IX Muestra poética Picarral de Zaragoza)
A través del olvido
escribo con lágrimas de sangre,
con una pluma que ya no arde,
con unas manos que ya no juegan,
con unos ojos que ya no esperan
encontrarte.
Y es que me dañan los inviernos
de los árboles caducos,
el silencio de las plazas
abarrotadas de sombras,
las mariposas que zozobran en el aire,
los niños que lloran a sus padres.
Me dañan los zagales que abrazan a sus novias,
las niñas que persiguen a sus príncipes,
los jóvenes que juegan a la pelota,
las mujeres que comparten desgracias,
los hombres que salen de copas,
los ancianos que esperan el destino implacable,
las viejas que zurcen rumores.
Y es que me daña el olvido
porque te sigo buscando
como la luna persigue inexorable la noche,
como las olas baten las playas
cada amanecer inquebrantable.
Y es que me daña el olvido
porque te sigo buscando,
porque tus viejos álbumes rechazan mi hoguera
porque tus prendas no salen de mis armarios
porque la alegría que irisaba tu mirada
no emigra de mi memoria.
Angeles Charlyne - Argentina
1
Los fantasmas epopéyicos descienden
rasgando el cristal plomizo del silencio.
Como autómatas de la noche aprenden a moverse
sobre el espacio lúdico del sueño.
2
Para transpirar la noche… aletean peces,
en las profundidades de un océano de palabras.
Simón David Rodríguez - Lima-Perú
Mientras la veía lloraba , debes ser fuerte una voz me dictaba
pero por dentro la pena me derrumbaba
ella en esa cama postrada , su débil cuerpo la vida arañaba
sus labios negros lo peor presagiaban
como el ocaso en enero, el fin del día se demoraba
San Pedro y San Pablo su día anunciaban
un cielo gris se despejó y pasó a ser color azucena
argumentando mi pena
susurró veía una luz, un gran túnel y esa luz…
se despidió diciendo adiós, estaba toda la familia
llegue a besar aún tibia su mejilla pero su corazón ya no latía
no podía creer que de esta vida, mi madre se despedía
Y todo estuvo en silencio, tras voces ,llanto y me iba perdiendo
tanto que a la muerte le perdí el miedo
tan confundido que en nada pensaba
que se despierte del sueño deseaba, vamos a casa mi alma gritaba
pero la vida es tan rara ,que no se aprecia hasta que te falta
hoy esa idea la tengo tan clara
se me vino a la mente las veces en que fui tan hiriente
susurró veía una luz, un gran túnel y esa luz…
se despidió diciendo adiós, me dijo que Dios existía
y no pensé que esa sería la ultima vez que la vería
se despidió diciendo adiós, mi boca se enmudeció
las palabras no salían y se marchó así de esta vida
la mujer a quien mas quería.


