Archivo de Junio, 2006

Tía Eutanasia Juega A La Lotería

SI PIERDE, GANA; SI GANA, PIERDE

Marco Winocur

Mi querida tía Eutanasia, hay que reconocerlo, era una persona negativa. Apartada de todos, su vida giraba en torno al juego de la lotería. Pero no aceptaba correr los riesgos propios del azar. Entonces ideó no comprar billetes pero anotar el número. A ése, le jugaba a perder. Tía Eutanasia, después del sorteo, consultaba con ansiedad la lista de premios, muy contenta de no haberse sacado ninguno. ¡Hoy me gané los tantos y tantos pesos que he jugado a no ganar! -exclamó una y otra vez.

En una palabra, al perder, ganaba; al ganar, perdía. Pero la suerte acabó jugándole la mala pasada que era de temerse: el número elegido ¡resultó con el premio mayor!

Fue con cianuro el -¡ay!- último acto negativo de mi querida tía Eutanasia.

Amalgama 12

Amalgama 12

Portada:
Autora: Esperanza Bernal

CUENTOS Y RELATOS

1. El Don Del Desdichado – Comella Firmet
2. Te Contemplo Desde Esta Otra Orilla – José Cruz
3. Palinka – Carlos Clares
4. Altruismo – Iván Humanes
5. El Encuentro – Marco José
6. El Descanso de los Libros Muertos – Angeles Charlyne
7. Maneras de Vivir – Fernando Helices “Vilela”
8. El Hada – Francisco J. Sánchez
9. La Selva Libre – Marcela Pedrieri

POEMAS

1. Tiempo … – Mª José Sierra
2. Al Galope – Isabel Varela de la Escalera
3. Tren de Rota – Leo Almisas
4. En la Penumbra – Silvia Álvarez
5. Elegía a “Pinchito” – José Antonio Rodríguez
6. Estampa Campestre – David Monteira
7. La Humanidad Perdida – Oscar Bibrián
8. Sueño con Poder Soñar – Jordi Serra
9. Aquel Caballo – Manuel Cornejo
10. Curvas Errantes – Dora Florán
11. Frente Al Mar – José Romero
12. Fotografía de un Niño y al Fondo un Buitre – Sebastián Gómez

MISCELÁNEA

1. Truman Capote y Como Escribir Novelas Reales – Antonio Cózar
2. Paris Al Atardecer – Carlos Montuenga
3. Por un Giro de Noventa Grados – Luisa Marrufo
Continuar leyendo ‘Amalgama 12′

El Usurero y El Gato

Prudente Arjona - Rota (Cádiz)

Había una vez un prestamista, al que ya no le quedaba lugar donde guardar su caudal, por lo que ideó construirse una cámara acorazada con un cierre de precisión, realizado por un hábil relojero del que desconfiaba, dado que al conocer éste el mecanismo, le daba intranquilidad. Hasta que una mañana, supo que el artesano “había extrañamente fallecido envenenado”. Esto lo calmó, al saber que solo él, con su única llave -que le pendía eternamente del cuello- podía abrir la cámara con sus monedas de oro.

La fortuna creció y el habitáculo quedó pequeño, entonces se le ocurrió cambiar el oro por billetes de bancos, recuperando así, espacio para seguir almacenando riqueza.

Los altos intereses que cobraba el prestamista, le llevó a triplicar su capital que contaba cada noche, hasta que el sol aparecía por el ridículo ventanal de su casa por el que no cabía una persona. Esto le daba seguridad de que, una vez atrancada la puerta de acero, nadie podía acceder a su lúgubre hogar para robarle.

Pero sucedió, que una noche mientras recontaba su dinero, entró por el ventanuco un gato negro -animal de maléficos presagios para el usurero-. De inmediato quiso acabar con el felino que saltaba asustado por la sucia vivienda, hasta que, el animal se refugió en la cámara aun abierta. -El usurero exaltado, volcó el candil que alumbraba la caja, prendiendo el dinero y su camisón que logró quitarse a manotazos, al tiempo que rompía el cordón que sujetaba la llave de la cámara, perdiéndose ésta por el mugriento aposento, mientras que el prestamista entraba irritado en la caja, viendo como se quemaba su querido capital.

Instintivamente, pensó el prestamista; que cerrando la caja, el fuego se sofocaría. -Al tiempo que, a zapatazos limpios intentaba apagar el papel moneda prendido…

Pasaron los días y el usurero no aparecía. -Las autoridades tuvieron que hacer un boquete en el muro, y al no encontrar al prestamista en la casa, abrieron con explosivos la puerta de la caja fuerte.

-Cuando el acero cedió, una ráfaga de viento elevó una fétida nube dentro de la cámara con las cenizas del usurero, mezclada con la de los billetes de banco. Mientras que al fondo de la caja, el maullido de un famélico gato recordaba a los presentes; Que aún le quedaban otras seis vidas, para seguir conspirando contra los usureros malvados…

Siento los miedos más terribles esta noche

Ángel C. Ramos - Zamora

Estoy masticando cristales esta noche,

los muerdo y los trago acompañando

borbotones de sangre alcoholizada.

Estoy encerrado en las dimensiones

de un féretro helado al que lo

amenaza el hambre de olvidar.

Siento los miedos más fríos esta noche,

aquellos que me desnudan en la eterna

capacidad del infinito.

El aire me ahoga a golpe de viento,

solo los sauces comprenden mi camino

en estas coordenadas curvilíneas.

Se trazan los senderos con pisadas

que se cubrieron del polvo que flota

en esa completa suspensión grisácea.

Me acechan los lobos más hambrientos esta noche,

los escucho respirar en la negrura,

alimentando fantasmas caminantes.

Descubro los secretos más terribles esta noche,

preguntándome a mi mismo sobre las paredes,

asustándome de sombras en la oscuridad.




ecoestadistica.com