Bárbara Basadre – Puerto Real (Cádiz)
Una de las mayores y más reconocida obra de Galdós es Fortunata y Jacinta donde queda fielmente reflejada la sociedad burguesa de la época. Además del reflejo de los modos de vivir de esta sociedad, el autor nos transmite una fiel imagen del papel de la mujer dentro de esta estructura social.
Dentro de la función que cumple la mujer en la obra, se puede destacar el tema de la maternidad tan vinculada a ésta. De este modo, la necesidad que tiene Jacinta de experimentar la maternidad es vista como el deseo de encontrar su sitio social ya que el puesto de madre le puede dar una identidad clara dentro de la estructura social del momento histórico en el que transcurre la trama de la novela. El matrimonio se ve como una especie de contrato en el que uno de los principales fines es procrear y como Jacinta no se queda embarazada siente esta ausencia como una falta suya, está incumpliendo el contrato matrimonial.
En la novela hay numerosas alusiones al matrimonio. En realidad se trata de la historia de dos mujeres casadas, de dos matrimonios.
Es importante plantearse cuál es el papel del matrimonio en el siglo XIX. Engels en El origen de la familia nos dice que la primera opresión de clase coincide con la opresión del sexo femenino por el masculino. Afirma que dentro del matrimonio la mujer y los niños son propiedad y siervos del hombre. La mujer, limitada a su función reproductora, está al servicio de la familia, de la casa marcada con el nombre del padre. En el matrimonio, esposa y madre son dos términos inseparables. La mujer debe renunciar a cualquier otra alternativa fuera de la maternidad para alcanzar su “felicidad” conyugal. A esta se le exige una doble maternidad dirigida por un lado al niño y por otro al marido, dirigida al sexo masculino.
La primera parte de la novela está dedicada a la narración de las causas que llevaron al matrimonio a Baldomero y a Bárbara, padres de Juanito.
Juanito se hace amante de Fortunata y después marido de Jacinta. Este matrimonio debería producir un heredero que llegará al final y de este modo Jacinta podrá honrar el contrato matrimonial.
En el caso de Fortunata, que se casa con Maximiliano, existe una diferencia porque ella no quiere asumir las expectativas maternales propias de su condición de esposa. Ella tiene sus propias ideas sobre los vínculos legales que unen a una pareja y quiere ponerlas en práctica. Quiere cambiar un niño por otro y aquí podemos ver esa noción de doble maternidad. Desea cambiar al hijo por el padre y así lo expresa dirigiéndose a Juanito: “ Escucha nenito de mí vida lo qué se me ha ocurrido. Una gran idea; verás le voy a proponer un trato a tu mujer. A ver qué te parece. Yo le cedo a ella un hijo tuyo y ella me cede a mí su marido. Total, cambiar el nene chico por el nene grande.”
En realidad Fortunata piensa que si no hay niños no hay matrimonio y que por ser ella la madre también es la verdadera esposa.
De este modo el equilibrio que expresa Freud, mujer = esposa = madre, se rompe en esta novela, los términos aquí no se igualan. Tenemos una esposa estéril y una madre amante. Para igualar los términos tenemos que tener en cuenta que la esposa tiene que actuar como madre el hijo y del marido. Por eso Fortunata no tiene inconveniente en cambiar los niños y Jacinta se esfuerza en cumplir con la otra maternidad, la dirigida al esposo.
Queda claro que el papel de la niña cuando se hace mayor es el de ser esposa y madre. Este rol es pasivo, el lenguaje está esencialmente ligado a la actividad, a lo masculino. En la novela hay numerosas alusiones a la falta de preparación intelectual de todas las mujeres. Por ejemplo: “ Jacinta no tenía ninguna especie de erudición. Había leído muy pocos libros. Era completamente ignorante en cuestiones de geografía”. También se menciona el poco interés de las mujeres por la historia. Sólo les interesa su propia historia de maternidad. Estas mujeres, por tanto, son propiedad del hombre y están puestas al servicio de su reproducción: la feminidad, la maternidad y el matrimonio no pueden desligarse.
La maternidad
En cuanto a la maternidad, Jacinta es la casada estéril, inútil en un sistema económico basado naturalmente en la producción, la mujer es integrada como productora de hijos, como madre. Por lo tanto el matrimonio entre Juanito y Jacinta es un fracaso.
Jacinta pesca un marido estupendo: “ la tercera de las chicas, Jacinta, pescó marido al año siguiente. ¡Y qué marido!.” El uso del verbo“pescar” refuerza la idea de la conveniencia de un marido como Juanito a la vez que insinúa que la mujer /esposa/madre de Juanito puede ser cualquiera, mientras que un pez, una adquisición como él, un “delfín” es única. Hay muchas pescadoras para un sólo varón.
Los datos que se nos aportan en la novela sobre Jacinta nos demuestran que será tan fracasada en el matrimonio como su madre. Isabel Cordero tiene nueve hijos pero, sin embargo, este exceso productivo tampoco la hará valiosa en el mercado patriarcal ya que siete de sus hijos son hembras. El desprecio por la descendencia femenina se muestra claramente: “de estas nueve cifras siete correspondían al sexo femenino ¡vaya una plaga que le había caído al bueno de Gumersindo! ¿Qué hacer con siete chiquillas? ¿Cómo casarlas bien a todas? ¿De dónde iban a salir siete maridos buenos?”.
Queda claro que la descendencia femenina es una carga. El único fin de la mujer es el de casarse y procrear, no sirve para ninguna otra cosa. Coser y tejer son primordialmente tareas femeninas. Freud dijo que “ aunque las mujeres no hayan contribuido más que marginalmente a los descubrimientos e invenciones, sí tienen una técnica que les es propia: la técnica del trenzado y el tejido”
Las mujeres cosen mientras charlan y piensan, hablan de los hijos, de la maternidad.
Freud asocia la acción de coser y de tejer con el deseo que tiene la mujer por tapar sus faltas o defectos. Jacinta no tiene hijos y el marido le es infiel, es realmente culpable por mostrar esta falta, esta doble ausencia como mujer (falta de pene) y como madre (falta de hijos). Es primordial tener descendencia masculina, cuando la descendencia es femenina es porque se ha producido una desviación de esta regla, es un fallo por parte de la madre que debe ser tapado. De este modo, Jacinta ya nace con una marca de negatividad, es mujer, se define a partir de su “no – ser – hombre”. No es un muchacho y por tanto no es responsabilidad del padre. Isabel, la madre, y no su marido, será la encargada de sacar el dinero de debajo de las piedras, de encargarse de la economía familiar para colocar bien a las hijas. Solamente se podrán salvar estas hijas inútiles encontrando un buen marido y casándose.
A Jacinta le llegará el matrimonio con Juanito. Su suegra trata de buscar y escoger una buena esposa para su hijo; esta tiene que ser adecuada para sustituirla en el papel de madre. Pero Jacinta es una mercancía inútil, su esterilidad la anula como mujer.
Los capítulos dedicados a la compra del primer niño son los únicos que la muestran en un papel activo. Todo este episodio de la compra del niño es considerado como una transacción comercial que puede resumirse en las siguientes palabras de Jacinta dirigidas a su marido: “Considéralo una compra que hemos hecho. Si compráramos un perrito, ¿no querrías verlo?”. Para dar por finalizado este asunto, Juanito le dice a su mujer: “ Y ahora despídete de tú novela”. A Jacinta se le niega la escritura. Las mujeres no escriben textos. Jacinta vuelve otra vez a la sujeción del esposo, a la economía patriarcal que impide la apropiación del hijo por la madre. Se queda sin hijo, sin nada. Mujer que no es madre, no es mujer.
En este momento Fortunata es la otra mitad, el complemento de Jacinta que tiene lo que a ella le falta. Pero a esta otra le falta la fidelidad. A la mujer le está prohibido el adulterio porque la fidelidad de la mujer es la única certidumbre que el hombre tiene de que sus bienes, sus riquezas y su ser, van a pasar a sus hijos y a sus nietos. La fidelidad de la esposa es la garantía de la inmortalidad del marido. Fortunata será la madre pero tanto ella como Jacinta salen perdiendo porque en ninguna se manifiesta lo establecido:
mujer = esposa = madre.

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