Alan Sobrino - Mexico D.F.
Una sartalabra que parece un sapo y salta a cada rato
que desenvaina una sombra
a la hora del duelo
probablemente causado
por una sartaletra
adicta al opio
y a las maquinas de juegos de Tokio
pero que no lo sabe por las píldoras cósmicas que hacen de la memoria una canica para jugar
el duelo probablemente finalice en un beso, cuando las sartalabras y las sartaletras estén más paranoicas, como cuando usan pantuflas y miran un armario lleno de libros de apicultura
del beso probablemente nazca un muy malencarado baúl que algún locutor de radio (que vende muebles en el día) usara para meter a su amante asesinada por un diccionario ruso-latín arrojado a su cabeza y comprado a una señora gorda en una venta de garaje donde proliferan los trajes grises del esposo de la reciente viuda gorda..

Creo que eres joven con mucho talento, felicidades…espero ver más de tus escritos por ahi…sigue asi.
Gran poema, de índole experimental con toques de Cortazar (cronopio, cronopio…) me parece un buen ejercicio, aunque me gustaria ver un poco más desarrolladas a estas criaturitas.