Archivo de Julio, 2007

Esa Luz

Rosa Lozano - Málaga

La luz me molesta. No sé por qué está ahí; no había luz hace un momento. O quizá no era hace un momento, pero antes, antes de este resplandor, no había luz. También podría ser que tuviese los ojos cerrados hace uno o varios momentos, antes de ahora, pero no estoy seguro de que eso sea realmente una posibilidad, porque no sabría decir, a ciencia cierta, si tengo párpados. Ésa es una de las cosas que me tiene desconcertado en este instante.

No comprendo a qué viene tanta claridad. La luminosidad me aturde. Es como si toda se colase a través de mis pupilas hasta el cerebro, y se quedase ahí, rebotando de un lado a otro del cráneo, con un zumbido constante. Por eso ahora estoy ligeramente aletargado. Alguien debería apagar lo que sea que desprende esta luz.

Juraría que estaba dormido antes de este momento. Supongo que ya no, que estoy despierto; de no estarlo, no podría sentir cómo algo me hiere la vista, y eso lo siento intensamente. Aparte de ese detalle, no sabría indicar muchas diferencias. Conclusión: probablemente debería volver a dormir. Pero no estoy muy seguro de qué pasos debería seguir para conseguirlo.

No lo tengo muy claro. Nada en particular; sencillamente, pienso que esa frase describe bastante bien mi existencia. De hecho, no tengo muy clara mi existencia; sólo supongo que soy. Imagino que es posible que antes no fuese así, que tuviese una consciencia más sólida. Puede que la culpa sea de esta luz, que no me deja pensar con fluidez. Casi ni permite que me oiga. Alguien debería devolver a este sitio la oscuridad que tanto bien me hacía. O al menos, por caridad, una sutil penumbra.

Respirar es terriblemente cansado, acabo de darme cuenta. Es dramático estar condenado a hacerlo mientras vivas; sólo de pensarlo decaigo. Detesto haberlo notado; era mucho más feliz hace un instante, cuando el hecho de que el oxígeno entrase en mi cuerpo no era más que algo automático. Ahora estoy exhausto. Ojalá tuviese la opción, al menos, de cerrar los párpados.

Ya está otra vez esta porquería marrón. Me incomoda incluso verla caer, desmoronándose, con las migajas describiendo estúpidas espirales. Es repugnante. Desgraciadamente, antes o después terminaré recurriendo a ella. Es, como respirar, algo ineludible. O no.

Por el momento, no pienso salir de detrás de este alga de plástico; al menos, quita algo de luz.

Soy un insecto prehistórico

Paul Quispe - Perú

Soy un insecto prehistórico
atrapado en una gota de ámbar.
Soy el polvo inerte
que elegiste imantando el viento
y, renunciando a tu árbol –el mundo–,
con tu occisa caída vertical,
gelatinaste por meses,
disponiendo atrozmente de tu ingeniería líquida,
hasta enlagunarme por entero
de amor criogénico.
Tú lo sabes
mujer de los mil latidos por alumno.
Lo sabes
mujer de las mil muertes por hijo.
Tu resina es tan fuerte
que conserva intactas mis flagelarias patas,
mis alas estiradas,
mis ojos cuadriculados.
Lástima que el resto
aún no sepa
donde está mi corazón;
aquel que conservo absorbiendo
tu sangre elevada a la “n”.
Tú lo sabes Angelmira.
Tú siempre lo sabes, madre.

La Diosa Y El Pez

Fco. Javier Sánchez Gallardo (Málaga)

Busco palabras nuevas
Quise ser un pez.
Un viento que no tenía rumbo ni destino llegó a mi puerta. Se coló como se cuelan los sueños en la noche, como se cuela el sol del alba por las persianas. No preguntó por mi nombre, ni siquiera habló, sólo acarició mis manos y dejó un perfume impregnado en el aire, un olor que despertó mis sentidos, que quise capturar sin saber cómo, aunque, cuando cerré el puño, se deslizó entre mis dedos perdiéndose en la nada.
Los días quedaron suspendidos, el tiempo desapareció, únicamente un pensamiento, una sensación, permaneció en mi mente. Aquel olor.
La soledad se adueñó de mi corazón, una grieta se abrió en mi alma, las paredes que un día acogieron a aquel viento ahora permanecían expectantes, ansiosas de que volviera, de que de nuevo una brisa trajera aquella fragancia, aquella manera distinta de sentir, aquellas minúsculas gotas de ilusión, fragmentos de un sueño, partículas de luz, pedazos de estrella. Aquel olor. El olor de una Diosa.
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Juan Curtido

Capote

Director: Bennett Miller
Año: 2005
Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Clifton Collins Jr., Mark Pellegrino, Bruce Greenwood, Chris Cooper, Bob Balaban
Duración: 110 min
Sinopsis: En noviembre de 1959, el escritor Truman Capote lee un artículo en el New York Times que relata el sangriento asesinato de los cuatro miembros de la familia Clutter en su granja de Kansas. Aunque sucesos similares aparecen en los periódicos todos los días, algo llama la atención de Capote, que quiere utilizar este caso para demostrar una teoría: en las manos de un escritor adecuado, la realidad puede resultar tan apasionante como la ficción. Junto a su amiga Harper Lee, Capote consigue que la revista The New Yorker le envíe a Kansas para cubrir la noticia. Su voz aniñada, su amaneramiento y su peculiar forma de vestir despiertan en un principio la hostilidad en esa zona del país, pero Capote se gana pronto la confianza de los lugareños y la del agente encargado de la investigación, Alvin Dewey.

Tras ser detenidos en Las Vegas, los asesinos son trasladados a Kansas, donde son juzgados, declarados culpables y condenados a la pena de muerte. Capote va a verlos a la cárcel y, conforme comienza a conocerlos, se da cuenta de que lo que él creía que iba a ser sólo un reportaje se ha convertido en un libro que podría estar a la altura de las grandes obras de la literatura moderna. Una obra sobre el choque entre dos norteaméricas: el país seguro y protegido que los Clutter conocían, y el país amoral y desarraigado que en el que vivían los asesinos.




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