Rosa Lozano - Málaga
La luz me molesta. No sé por qué está ahí; no había luz hace un momento. O quizá no era hace un momento, pero antes, antes de este resplandor, no había luz. También podría ser que tuviese los ojos cerrados hace uno o varios momentos, antes de ahora, pero no estoy seguro de que eso sea realmente una posibilidad, porque no sabría decir, a ciencia cierta, si tengo párpados. Ésa es una de las cosas que me tiene desconcertado en este instante.
No comprendo a qué viene tanta claridad. La luminosidad me aturde. Es como si toda se colase a través de mis pupilas hasta el cerebro, y se quedase ahí, rebotando de un lado a otro del cráneo, con un zumbido constante. Por eso ahora estoy ligeramente aletargado. Alguien debería apagar lo que sea que desprende esta luz.
Juraría que estaba dormido antes de este momento. Supongo que ya no, que estoy despierto; de no estarlo, no podría sentir cómo algo me hiere la vista, y eso lo siento intensamente. Aparte de ese detalle, no sabría indicar muchas diferencias. Conclusión: probablemente debería volver a dormir. Pero no estoy muy seguro de qué pasos debería seguir para conseguirlo.
No lo tengo muy claro. Nada en particular; sencillamente, pienso que esa frase describe bastante bien mi existencia. De hecho, no tengo muy clara mi existencia; sólo supongo que soy. Imagino que es posible que antes no fuese así, que tuviese una consciencia más sólida. Puede que la culpa sea de esta luz, que no me deja pensar con fluidez. Casi ni permite que me oiga. Alguien debería devolver a este sitio la oscuridad que tanto bien me hacía. O al menos, por caridad, una sutil penumbra.
Respirar es terriblemente cansado, acabo de darme cuenta. Es dramático estar condenado a hacerlo mientras vivas; sólo de pensarlo decaigo. Detesto haberlo notado; era mucho más feliz hace un instante, cuando el hecho de que el oxígeno entrase en mi cuerpo no era más que algo automático. Ahora estoy exhausto. Ojalá tuviese la opción, al menos, de cerrar los párpados.
Ya está otra vez esta porquería marrón. Me incomoda incluso verla caer, desmoronándose, con las migajas describiendo estúpidas espirales. Es repugnante. Desgraciadamente, antes o después terminaré recurriendo a ella. Es, como respirar, algo ineludible. O no.
Por el momento, no pienso salir de detrás de este alga de plástico; al menos, quita algo de luz.


