Problemas de agenda

Roger Ferrer - Gerona

Si su reloj digital marcaba las 7:18, era la hora de ejercitarse con la tabla de musculación.
Esa mañana debía estar un poco somnoliento porque iba con retraso. Debía completar su tabla de ejercicios en tres cuartos de hora.
A las 8:13 tomó un desayuno completo: zumo, cereales, una tostada untada con mermelada, y una naranja. Era importante comenzar la jornada con vitalidad. Sintió ganas de ir al lavabo pero eso haría que incumpliera el horario previsto, lo cual sería un error. Se aguantó.
A las 9:15 llegó al despacho. Revisó la agenda. Durante cuarenta y cinco minutos comprobó que los últimos informes fueran correctos; luego mantuvo la primera reunión, que concluyó a la hora acordada.
Sus siguientes consultas a la agenda supusieron: a las 10:30, visita de unos clientes; a las 11:15, amonestación a la secretaria por sus errores constantes; a las 11:45, descanso de cinco minutos, tiempo suficiente para escuchar dos veces su canción preferida; a las 11:50, telefonear a su hermana, que cumplía años, llamada que terminó a los 11:54, dos minutos antes de lo imaginado, lo que le permitió escuchar una vez más su canción favorita.
Al llegar a las siete y media de la tarde, consultó su agenda que, como en las treinta y ocho veces anteriores del mismo día, indicaba un nuevo punto: «Abrir la ventana, coger carrerilla, dar un gran salto».
¿Era posible? Por primera vez tenía una cita de ese estilo Aquello significaba un cambio irreversible respecto a su futuro. Comprobó las hojas siguientes; estaban en blanco.
La agenda nunca se había equivocado, así que no le quedaron más opciones que abrir la ventana, tomar carrerilla y saltar.
A las 19:31 su reloj digital de pulsera se estrelló contra el pavimento.
A las 20:02 una ambulancia trasladó el cadáver al hospital del municipio.

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