Archivo del Autor de 73ideas

El Cabaret Voltaire - Lugar de Provocación

Luisa Marrufo

“No quiero ni siquiera saber que antes de mí hubo otro hombre” Descartes

Muchos lugares han hecho las veces de vientre de ideologías, lugares que son el continente originario de corrientes y punto de encuentro de los personajes que las gestan.

Este es el caso de una antigua cervecería de Zurich, convertida en El Cabaret Voltaire , donde un grupo de artistas refugiados en la ciudad neutral establece su centro en medio de la I Guerra Mundial. Sus componentes provenían de distintos puntos del antiguo continente y todos con una misma premisa, el pacifismo y el asco por una guerra que en 1916 parecía no tener fin.

Para esta asociación de artistas y literatos el cabaret era lugar de entretenimiento artístico, lugar donde llevar a cabo sus acciones, tildadas por ellos como absurdas o grotescas. Era el encanto de lo ilógico, de la falta del sentido común. Primaba la diversión, el juego, lo infantil o primordial y sobre todo lo fortuito y el azar. Son estos conceptos, unidos a las actividades los que dan origen a las primeras performances, ready-made y otras acciones artísticas que tantas veces se han repetido en la Historia del Arte del siglo XX, teniendo vigencia en modernidad y originalidad aún hoy día.
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Ese Curioso Personaje

(Variante sostiana)
Eugenio M. Fernández Aguilar

Con la ambiciosa rúbrica del yo
ejecuta el misterio
y la zozobra,
interludios de ardores
acomete
alternando
declives
y
orgasmos.

Egoísta empedernido, a latigazos,
hurtador de momentos y visiones,
acapara las jornadas a monólogos,
se desvive en el yo soliloquiado)

Extractos
y
visiones
bailan
por sus ojos,

ROcambolesCAS historias son sus días,

los libros y canciones
pLAgan pLAgan pLAgan pLAgan
su dieta,
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El Cuello

Lola De La Riva

Ella fue la que me enseñó casi todo sobre el sexo, lo que para mí había sido tema prohibido, yo apenas sabía, y un pudor extraño me avergonzaba cada vez que me sentía excitada. Como ella hacía la calle todas las noches y dormía durante la mañana, siempre quedábamos después de comer en un bar cercano. La conocí allí por casualidad cuando al ver caer sus lágrimas, le pregunté si necesitaba ayuda. Los encuentros duraban dos horas fantásticas en las que las miserias humanas parecían no importar y decíamos lo que pensábamos realmente, sin silencios, con libertad y respeto. Siempre me chocó la frialdad y la distancia con la que hablaba de sus clientes casi siempre los mismos.

Un día no acudió a la cita como de costumbre, pero yo permanecí delante de un café esas dos horas como si ella estuviese allí frente a mí. Nunca más la volví a ver y mis esfuerzos por encontrarla fueron inútiles. Tampoco yo volví al bar.
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Truman Capote y Cómo Escribir Novelas Reales

Antonio Cózar

Truman Capote nació el 30 de septiembre de 1924 en Nueva Orleans (Lousiana). En Tres cuentos relata breves incursiones en su infancia; recuerdos de épocas navideñas; de Miss Sook, una excéntrica pariente solterona a la que el niño se sintió muy unido en los años que pasó con los familiares de su madre en Alabama; de La Isla, “lugar de la casa al que acudía cuando me sentía triste o inexplicablemente entusiasmado”; de la escuela y de sus compañeros: “Empecé a escribir cuando tenía ocho años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocía a nadie que escribiese y a poca gente que leyese. Pero el caso era que sólo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar claqué y hacer dibujos”.

Estudió en el Trinity School y la St. John’s Academy de Nueva York, “una desdichada serie de cárceles a toque de corneta, de sombríos campamentos de verano a toque de diana”. Era un “engorroso fastidio para la mayoría de los profesores”. Físicamente raro —con un estrafalario flequillo y sin sobrepasar el metro cincuenta y cinco de altura—, poseía una voz y unos gestos obvia y alarmantemente afeminados, lo que consternaba a su madre. Con 17 años, después de desempeñar diferentes empleos como bailarín en un barco fluvial o corrector de guiones radiofónicos, comenzó a trabajar en The New Yorker. Por entonces, sus apellidos eran Streckfus Persons. Tomó el de Capote cuando su madre se casó en segundas nupcias con Joseph García Capote, un hombre de origen cubano, de notable encanto pero fidelidad exigua.
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El Don Del Desdichado

Vanessa López / Comella Firmet

Abc era un niño que se hizo hombre de una manera muy particular, porque creció ejerciendo un habito que sin él saberlo marcaría su vida para siempre. Al pequeño no le costó nada empezar a hablar, y luego fue tanto el gusto que le producía aquello, que charlaba y charlaba sin parar. Sus padres estaban encantados y al ver que tenía tanta facilidad para ello, al igual que para leer y escribir, pensaron que era un niño prodigio y le regalaron un diccionario de lengua española, con sólo cuatro añitos.

Pronto Abc se sabría un montón de nuevas y complicadas palabras y con menos de cinco años hablaría como un catedrático, pero era tanto el afán, era tal el fanatismo con su diccionario de bolsillo, que pronto comenzaría a aprenderse las definiciones de las palabras más rebuscadas y cultas.

El diccionario se convirtió en su mejor amigo, en el mejor o, mejor dicho, el único de sus vicios. Para él no existía la televisión, ni los juegos, ni los amigos…, nada, el pequeño disfrutaba inmerso en las miles y miles de definiciones y cada día se aprendía dos o tres paginas enteras desde “contagiar” hasta “contorsión” sin ir más lejos. Pero pronto dejaría de hablar por palabras y las cambiaría por definiciones. Si tenía hambre decía:
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