Esta vendada (la vida) y no puedo salir. Es como una sala de espejos con cientos de nombres grabados y todos son míos (y todos los glandes son míos) ¿Quién me sentencia a muerte? Yo.
Me siento, pulso mis lágrimas hacia adentro, pero no responden. Pronto la lluvia dejará de traerle miedo a la tarde y limpiará mi cráneo un bebé. MIEDO. (Pensar luego lo que esta palabra no puede decir).
¡Oh! el invierno. El invierno nos trajo el infierno. Casa de muñecas mis vientres rotos, se nace en invierno pero se muere mejor en primavera.
Me masturbo recordando el color del cielo como lo teñías de blanco la noche que te matabas. Otra vez hay una fuga en la sangre, señor. Una cara. ¡Tantos rostros míos! y el mío rostro quemado sin nacer.
(Poema perteneciente al libro “Los años vendados”, Ediciones Baobab 2006)

